La suciedad (polvo, polen, excrementos, salitre) reduce la producción fotovoltaica. La frecuencia de limpieza depende del entorno, inclinación y monitorización: desde 1 o ninguna anual en zonas limpias hasta cada 2–4 meses en áreas rurales o 3–6 meses en costa; limpiar también tras episodios puntuales.

